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Tras asistir a un debate sobre lo que debería ofrecer una web de un hospital público, busqué en Google y me ofreció este artículo sobre lo que pueden hacer los editores centrados en el producto (en este caso el libro) en un mundo centrado en las comunidades en red. Estas son algunas ideas que entresaco del citado artículo:

“Unas cuantas premisas fundamentales que vamos a abordar antes que nada:

– La primera es que Las Cosas Van a Cambiar, y no creo que haya mucho desacuerdo en esto, así que podemos pasar al hecho de que Es Necesario tener una imagen del futuro para adaptarse al cambio. Es necesario tener una imagen del futuro para saber qué hay que hacer en el presente.

– La segunda es que aparecen cosas nuevas, y no tienen ustedes la posibilidad de sentarse entre bastidores y observar cómo funcionan las cosas y analizarlas. Tienen que ser oportunistas, tienen que ver qué oportunidades existen y tienen que probar cosas nuevas todo el tiempo, y todo esto tienen que hacerlo dentro de algún marco de trabajo, dentro de alguna comprensión del futuro porque sabemos que hay tantas cosas nuevas en marcha que apenas podemos recordar todas las de hace quince días, y mucho menos probarlas todas. En 1989 la World Wide Web aún estaba por inventar, pero podía uno conectarse. Con Prodigy. Por módem. Y ahora, 20 años después, llevas Internet en el bolsillo. ¡Las cosas han cambiado mucho en 20 años!”

“¿Qué puede ocurrirle a la industria […] en los próximos 20 años? Todo esto es pura imaginación. Me lo invento por completo, pero es que tienen que hacerlo así porque no se puede conducir mirando el retrovisor, hay que pensar en cómo van a cambiar las cosas:

– Lo primero que va a ocurrir, o aquello hacia lo que estamos evolucionando, lo que va a ser en 20 años, es que de hecho no tendremos discos duros.

– Lo que eso significa es que todos somos licenciadores y licenciatarios. Cuando llegue el día en que ya no tenga un disco duro en el ordenador y lo que acaba de escribir lo guarde en la nube, tendrá que licenciarlo. Tendrá que decir “Esto puedo utilizarlo yo y nadie más” o “Esto puedo utilizarlo yo y también mi ayudante” o “Cualquiera que pague 100 dólares puede utilizarlo”. Así que, en cierto sentido, tendrá que fijar unas condiciones de licencia para todo lo que guarde. Habrá condiciones predeterminadas, no tendrá que rellenar un formulario cada vez que guarde algo, pero en la práctica será así. ¿Dónde está ocurriendo esto ya? En Scribd. Ahora mismo. La gente pone documentos ahí y les adjudica la licencia que considera adecuada para ese documento.

Todo está en la nube. Así que vamos a tener una nube en la red y accederemos a ese material a través de pantallas y dispositivos, que serán la misma cosa. Una pantalla es un dispositivo que te lleva a la nube y te permite leer. Y tendremos todo tipo de pantallas.

– De conteNido a conteXto

Todos nosotros estamos en el negocio de los contenidos y tendremos que pasar al negocio del contexto. En el futuro, será más importante tener un “público” (eyeballs) que tener una propiedad intelectual, porque el valor se mueve hacia lo escaso. Esto es inmutable, no se puede cambiar. La creación y la distribución de contenidos ya no son escasas; cualquiera puede hacerlo. La distribución no es un factor. Ahora mismo puedo escribir algo en mi ordenador, subirlo a mi web y ya está distribuido. Cualquier persona del mundo con acceso a la red puede obtenerlo. El problema es: ¿cómo van a saber que existe? Este es el problema. La comercialización, el márketing, es el problema.

–xx–

Estas reflexiones tal vez no sean completamente aplicables al sector sanitario público, dada la confidencialidad de la información que se maneja, pero ¿es que alguien se lo ha planteado al menos? ¿qué imagen se tiene del hospital (de la atencion sanitaria) del futuro? ¿Qué posibilidades ofrece un mundo en red para este sector?

Imagen de: http://www.informatics.indiana.edu/fil/Net/
Web topology simulated according to growth model in F. Menczer, PNAS 101:5261, 2004. Visualization by Mark Meiss.

Que estamos en un tiempo de cambios y que esos cambios tienen que ver de alguna manera con las “redes sociales” es ya una idea común, extendida y repetida hasta el cansancio. Sin embargo nadie parece tener muy claro qué son esas famosas redes y sobre todo qué tienen de nuevo. A fin de cuentas, si de las redes que hablamos son las que forman las personas al relacionarse unas con otras, la sociedad siempre fue una red.

El libro “El poder de las redes“, de David de Ugarte me parece inprescindible para entenderlo. Contiene tan sólo tres ilustraciones. La primera de ellas , que puedes ver aquí, fue creada por Paul Baran, para el dossier en el que describía la estructura de un proyecto que más tarde se convertiría en Internet. Si observas atentamente verás que los puntos son los mismos.

<<Los tres gráficos unen los mismos puntos de diferente manera. Estas tres disposiciones –técnicamente llamadas topologías– describen tres formas completamente distintas de organizar una red: centralizada, descentralizada y distribuida. Cuando Paul Baran escribió su famoso informe, incluyó esta ilustración para argumentar hasta qué punto una red distribuida era algo completamente diferente, en su naturaleza, de una red descentralizada.

<<La distinción de Baran entre las tres formas de red es crucial. La centralizada y la descentralizada son árboles con menor o mayor número de niveles jerárquicos, mientras que la distribuida es como una enredadera. En las dos primeras formas arquitectónicas sólo hay una manera de unir dos nodos cualesquiera, mientras que en la distribuida con forma de enredadera o rizoma hay muchas formas alternativas de hacerlo, lo que le dota de una resistencia enorme a las tensiones de ruptura o a los ataques de cualquier naturaleza. Esta arquitectura distribuida conforma una pluriarquía (o poliarquía), cuyo ejemplo más vívido es la blogsfera o red de bitácoras, mientras que las otras dos arquitecturas son dos ejemplos de jerarquía. En términos de economista, estas dos últimas corresponden a una economía centralizada o a un conjunto de monopolistas rivales, respectivamente, y la primera, a la competencia perfecta. En esta última habita el hacker y en aquellas el dictador benevolente o los llamados enfáticamente capitanes de empresa.

<<El hacker representa la superación de las distinciones entre el trabajo y el ocio y entre retribución y reputación. En un mundo en el que la información y el poder fluyen por una red distribuida, la abundancia es más relevante que la escasez e impone sus figuras retóricas. Lo importante no es ciertamente la remuneración, sino la reputación de saber conducir sobre este terreno, y el origen del poder no está en el secreto, sino en su divulgación, no en atesorar, sino en el regalo gratuito, en el potlach de ideas. De ahí que el poder y las rentas inmerecidas que le suelen acompañar sean muy volátiles, …

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