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Hace unos años, tuve la oportunidad de asistir al taller “El Jefe de Servicio como Product-Manager” organizado por el Hospital de Jerez y dirigido por Francesc Moreu. Este es un resumen de lo expuesto allí:

Ideas básicas para un responsable:

– Esto es un negocio.
– La obligación es curar y cuidar, paradigma que permanece inalterable a lo largo de los años.
– Común denominador: el cambio como necesidad vital.

El núcleo duro del negocio de la salud no ha cambiado en los últimos 30 ó 40 años, mientras que el mundo ha cambiado mucho. Desde el sector salud parece que no existe la adaptación necesaria a lo que la sociedad quiere. El cambio social es el que genera la necesidad de cambiar. Y hay que cambiar sin decirlo, hay que incorporar el cambio en la manera de hacer las cosas y esta clave del cambio en los hospitales es la empresarialización.

Empresarializar es actuar sobre la cultura, introducir la gestión clínica incorporando el coste como un elemento más de las decisiones clínicas. Ello forma parte del trabajo básico, es como una obligación deontológica que permite pasar de la incertidumbre al riesgo. Y es que la ética en la gestión se traduce en términos deontológicos.

En esa línea trabajar con calidad implica:

– Aceptar el error y aprender del error, no ocultarlo.
– Sentirse socio.
Copiar lo que hacen los otros, lo que hacen las empresas (fusiones, concentranciones, alianzas, división en pequeñas unidades de negocio…)

En el Hospital del futuro el Jefe de Servicio (basado en conocimientos técnicos y científicos) pasa a ser Product-Manager:

– Basado en lo técnico-científico, en la gestión del reconocimiento y en las habilidades para la gestión de profesionales, fabricando lo que hay que vender, no vendiendo lo que queremos fabricar.
– Basado en el marketing-mix: el conocimiento del mercado (incidencia, prevalencia, frecuentación, demanda, necesidades…)
– Conocimiento del producto: diseñar productos, conocer los costes de los servicios, buscando el equilibrio entre ingresos y gastos, estandarizando procesos, garantizar al cliente lo que va a recibir.
– Conocimiento del cliente (el cliente puede ser de atención primaria o del laboratorio, el fin es adaptarnos a los clientes internos y externos)

El lector curioso puede interrogar los siguientes enlaces:
Foro DCCU

Salud y Gestión

La confianza que depositamos en alguien puede motivar a esa persona para alcanzar los objetivos más difíciles. En efecto, la perspectiva de un suceso tiende a facilitar su cumplimiento.

La leyenda
Pigmalión, antiguo rey de Chipre y escultor, era un apasionado escultor que vivió en la isla de Creta. Inspirándose en la bella Galatea, Pigmalión modeló una estatua tan bella que se enamoró de ella. Tanto que suplicó a los dioses que la escultura viviera para poder amarla de verdad. Sus ruegos fueron atendidos. Venus dio vida a la estatua, que se convirtió en la deseada amante y compañera de Pigmalión.

El efecto
Hemos oido estos días de “crisis” la petición del Gobierno de tener confianza. La razón es simple: es sabido en Economía que si muchas personas están convencidas de que el sistema económico se hunde, se hundirá. Ya ocurrió en el crack de 1929. Lo mismo pasa al contrario: la confianza genera confianza. (explicado de forma muy asequible aquí)

También en las empresas ocurre: cuando un Directivo otorga la confianza a alguien, haciéndole ver claramente lo que espera de él y apoyando sus iniciativas, esta persona “se crece” al aumentar la confianza en sí mismo y cumpliendo, por tanto, con las expectativas.

En los grupos sociales, en psicología, en pedagogía: Las creencias y expectativas de un grupo o de alguien  con quien mantenemos una relación de dependencia  (padres, profesores, etc.) afectan nuestra conducta a tal punto que se provoca la confirmación de dichas expectativas. ¿Somos entonces lo que se espera que seamos?

En el campo de la salud, el conocido efecto placebo podría tener el nombre de efecto Pigmalión: al creer en el médico que dice que el caramelo (disfrazado de pastilla) curará determinada dolencia, unido al deseo de curarse, el caramelo se transforma -¿será Venus de nuevo?- en un medicamento que cura de verdad. Seguro que hay una explicación científica, pero no me parece necesario conocerla.

La consecuencia. Si probamos a utilizar ese efecto en los demás, tenemos en nuestro poder un arma poderosa: lo que en Psicología Social se conoce como “realización automática de las predicciones”.  Voy a más: si confiamos en nosotros mismos conseguiremos cualquier cosa. O dicho de otra forma:

La mejor forma de predecir el futuro es creándolo

Imagen: Tim Parish


If…
Revista de innovación, dedicado a la Salud en su número 60.

En su interesante artículo, “Salud es futuro“, Alfons Cornella, presidente y fundador de Infonomía, nos abre los ojos a un futuro de entre esos “2020 posibles”, que da título a la sección, del que resumo algo:

<<… si Jacques Attali acierta en sus pronósticos, los dos sectores más boyantes de la economía del futuro serán el entretenimiento (para distraer el miedo al hoy) y los seguros (para mitigar el miedo al mañana).
Y el sistema de seguros, la industria de asegurar, exigirá a sus asegurados más y más garantías de que estos se cuidan, de que cumplen unos estándares de salud (física y mental) que reduzcan al óptimo lo que en ese sector se conoce como «riesgo moral» (la tendencia del humano a engañar: uno se puede asegurar la vida en mucho dinero cuando sabe que va a morir, por ejemplo).
Las oportunidades que ello podría generar en la industria de la salud son inimaginables: sistemas portátiles para detectar si cumples el estándar en cada momento (y me refiero a cosas más sofisticadas que el termómetro o la medida de la presión sanguínea, claro está), y, más allá, sistema para corregir tu mal estado (tu avería) en tiempo real. O sea, tú mismo te analizas, tú mismo te corriges.

Porque, en una economía schumpeteriana voraz, estar saludable será esencial para competir. >>

Añado una visión de Microsoft sobre el Futuro de la Salud Personal:

Microsoft, The Future of Personal Health

Vamos que, en ese futuro posible, o estás sano y encima te cuidas
(¿hasta qué estandar?)… o lo llevas claro.