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Esta es la pequeña historia de una frase.

Arthur C. Clarke fue un escritor y científico británico. Autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción, y co-guionista de “2001: Una odisea del espacio“. Siguiendo el esquema de Isaac Asimov  (que estableció las tres leyes de la robótica) Clarke en el libro “Perfiles del futuro: una investigación de los límites de lo posible” establece sus tres leyes acerca de la ciencia y la tecnología:

1. Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.
2. La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.
3. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

La tercera frase es la más conocida. En mi opinión es también la estéticamente más bella. A partir de la estructura de esta frase se han desarrollado incontables variantes, una de las cuales es el objetivo de esta nota:

“La incompetencia suficientemente avanzada
es indistinguible de la mala voluntad”.

¿Incompetencia o mala uva?

En EEUU, esta frase se popularizó debido a la carta de dimisión pública de Jeffrey L. Finckenor, un responsable de la NASA, y es muy utilizada para criticar la acción de gobierno de Bush.

–xx–

Aquí disponemos de una frase mucho más concisa pero no menos impactante:

La ignorancia es muy atrevida“,

pero esa es otra historia.

Encontrado en jrsrules.blogspot.com

El principio de Dilbert es una variante del principio de Peter. El término fue acuñado por Scott Adams (este es su blog en inglés), un graduado MBA de la Universidad de Berkeley y creador de la tira cómica Dilbert, de la que puedes acabar enganchado.
Afirma que las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar en sus puestos.

Portada del Libro en español

Principio de Peter:
En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender
hasta su nivel de incompetencia
“.

Este principio, formulado por Laurence J. Peter en su libro The Peter Principle, de 1969, ha sido comprobado infinidad de veces, sobre todo en estructuras jerarquizadas, como un hospital: todo trabajador irá ascendiendo de puesto en puesto mientras demuestra su competencia en cada uno de ellos, hasta alcanzar aquel en el que es verdaderamente incompetente, momento en el cual su escalada hacia la cumbre se detiene… para pavor de todos los subalternos que deben de soportar un jefe incompetente. La terrible consecuencia es que el trabajo de verdad es realizado por trabajadores competentes pero frustrados, situados por debajo del lugar jerárquico que les correspondería (por aplicación del Principio de Peter) y bajo las órdenes de superiores incompetentes.

Existe una lógica en este proceso, ya que los responsables de seleccionar una persona para un nuevo puesto se fijan en primer lugar en la propia organización. Si un empleado existente cumple bien su actual cometido, dichos responsables de la selección deducen equivocadamente que será igualmente eficaz en el nuevo puesto. Ejemplo: un magnífico médico es ascendido a Jefe de Servicio, luego a Director…

Hay excepciones al principio de Peter (ascensos que se producen no por ser competentes en su trabajo), pero con un resultado similar: el ascenso de incompetentes.

La Sublimación Percuciente:

O “caida hacia arriba” en el cual un trabajador incompetente en su puesto (y que por lo tanto no debería de ascender más) es “ascendido” a otro puesto superior, pero alejado de la “zona de trabajo real” donde su incompetencia no pueda hacer más daño. Ejemplo los políticos que, tras perder su partido las elecciones o al ser expulsados de ministros, son enviados a Bruselas.

El Arabesco Lateral:

El empleado, para que su incompetencia no mine por más tiempo el trabajo de sus compañeros y/o subordinados, recibe un título nuevo, normalmente con el título más largo y con palabras como de “empresa grande” (Adjunto a…, Responsable de…) pero sin aumento de sueldo ni de responsabilidad. (ni siquiera es una “caida hacia arriba”). Cuanto mayor es la jerarquía, más fácilmente se producen Arabescos Laterales, ya que son más fáciles de disimular.

La inversión de Peter:

Algunos trabajadores padecen de automatismo profesional, en el cual es más importante el trabajo que el resultado del trabajo. Se hacen trabajos totalmente improductivos y prescindibles, sólo porque los superiores (incompetentes, según el Principio de Peter) determinan que se haga así. Las absurdas normas burocráticas, las políticas de empresa arbitrarias, la multidud de “leyes no escritas” a las que todos nos tenemos que enfrentar al comenzar un trabajo son ejemplos válidos. Los trabajadores aquejados de este mal laboral son competentes a ojos de sus superiores, pero incompetentes a ojos de compañeros menos preocupados por cumplir normativas y más por producir y desde luego incompetentes a ojos de clientes y miembros externos a la jerarquía.

En estos casos, la consistencia interna con las normas de empresa se valora más que el trabajo eficiente, y estas personas, siendo incompetentes en su trabajo, ascienden porque sus jefes incompetentes ven competencia en lo que a ojos del resto del mundo es incompetencia.

Exfoliación jerárquica:

Ésta es especialmente terrible, porque lleva asociado no el ascenso o no de un trabajador dentro de la jerarquía, sino su despido (o abandono, en el caso de ser voluntario). Aquellos trabajadores que por su alta competencia o por su alta incompetencia no tengan lugar dentro de la jerarquía (o lo que es lo mismo, que la jerarquía no tiene previsto un lugar para ellos) la abandonarán. Ya sea porque su alta eficiencia acabe con su trabajo, o porque su incompetencia les imposibilite trabajar de ninguna manera, o porque su alta competencia o incompetencia les impida encajar en su entorno laboral.

La introducción paterna:

Si tu padre (o similar) es el dueño de la empresa (u ocupa un lugar suficientemente alto en la jerarquía) el puesto que ocupes puede no depender, en principio, de lo competente o incompetente que seas. No obstante, el Principio de Peter continua afectando a este “ascenso contranatura” si el “hijo” es competente en el puesto, ascenderá hasta alcanzar su puesto de incompetencia… si es incompetente, no seguirá ascendiendo. Por lo tanto, cumple (aún sin saberlo) el principio de Peter.

La relación “padre – hijo” según la explica Peter no es una relación paternofilial estricta, sino una metáfora de la misma.  De todas maneras, existe un directivo “padre” que asciende (o introduce directamente en la jerarquía) a un trabajador “hijo”. El enchufismo clásico vamos.

El principio de Dilbert es una variante del principio de Peter.

Ahora resulta que, sin saberlo, y según alguna moderna teoría, soy (o puedo ser) una empresa: YO, S.A.

La idea es considerarse uno mismo un ámbito de gestión. Así que, como toda empresa, tengo que hacer algunas cosillas: Análisis de Situación, Planteamiento de objetivos, Control de Resultados Anuales, etc. Todo un trabajo.

No debo olvidar un aspecto crucial: debo venderme, hacer marketing, o sea, gestionar mi “Marca Personal”. Para los que prefieren términos USA, es lo que se conoce como “Personal Branding”. (ver el blog de Andrés Perez Ortega)

Alguna ventaja tengo. En esta empresa soy el jefe y el empleado. Así que me doy el día libre. En fin.

Un profesional que se conoce es un profesional con talento. Competencias, plan de mejora, certificación… La Cámara de Comercio de Navarra dispone de esta herramienta online (de pago) para facilitar el autoconocimiento y el desarrollo personal de los profesionales:

Quiero ser mejor profesional


If…
Revista de innovación, dedicado a la Salud en su número 60.

En su interesante artículo, “Salud es futuro“, Alfons Cornella, presidente y fundador de Infonomía, nos abre los ojos a un futuro de entre esos “2020 posibles”, que da título a la sección, del que resumo algo:

<<… si Jacques Attali acierta en sus pronósticos, los dos sectores más boyantes de la economía del futuro serán el entretenimiento (para distraer el miedo al hoy) y los seguros (para mitigar el miedo al mañana).
Y el sistema de seguros, la industria de asegurar, exigirá a sus asegurados más y más garantías de que estos se cuidan, de que cumplen unos estándares de salud (física y mental) que reduzcan al óptimo lo que en ese sector se conoce como «riesgo moral» (la tendencia del humano a engañar: uno se puede asegurar la vida en mucho dinero cuando sabe que va a morir, por ejemplo).
Las oportunidades que ello podría generar en la industria de la salud son inimaginables: sistemas portátiles para detectar si cumples el estándar en cada momento (y me refiero a cosas más sofisticadas que el termómetro o la medida de la presión sanguínea, claro está), y, más allá, sistema para corregir tu mal estado (tu avería) en tiempo real. O sea, tú mismo te analizas, tú mismo te corriges.

Porque, en una economía schumpeteriana voraz, estar saludable será esencial para competir. >>

Añado una visión de Microsoft sobre el Futuro de la Salud Personal:

Microsoft, The Future of Personal Health

Vamos que, en ese futuro posible, o estás sano y encima te cuidas
(¿hasta qué estandar?)… o lo llevas claro.