Que estamos en un tiempo de cambios y que esos cambios tienen que ver de alguna manera con las “redes sociales” es ya una idea común, extendida y repetida hasta el cansancio. Sin embargo nadie parece tener muy claro qué son esas famosas redes y sobre todo qué tienen de nuevo. A fin de cuentas, si de las redes que hablamos son las que forman las personas al relacionarse unas con otras, la sociedad siempre fue una red.

El libro “El poder de las redes“, de David de Ugarte me parece inprescindible para entenderlo. Contiene tan sólo tres ilustraciones. La primera de ellas , que puedes ver aquí, fue creada por Paul Baran, para el dossier en el que describía la estructura de un proyecto que más tarde se convertiría en Internet. Si observas atentamente verás que los puntos son los mismos.

<<Los tres gráficos unen los mismos puntos de diferente manera. Estas tres disposiciones –técnicamente llamadas topologías– describen tres formas completamente distintas de organizar una red: centralizada, descentralizada y distribuida. Cuando Paul Baran escribió su famoso informe, incluyó esta ilustración para argumentar hasta qué punto una red distribuida era algo completamente diferente, en su naturaleza, de una red descentralizada.

<<La distinción de Baran entre las tres formas de red es crucial. La centralizada y la descentralizada son árboles con menor o mayor número de niveles jerárquicos, mientras que la distribuida es como una enredadera. En las dos primeras formas arquitectónicas sólo hay una manera de unir dos nodos cualesquiera, mientras que en la distribuida con forma de enredadera o rizoma hay muchas formas alternativas de hacerlo, lo que le dota de una resistencia enorme a las tensiones de ruptura o a los ataques de cualquier naturaleza. Esta arquitectura distribuida conforma una pluriarquía (o poliarquía), cuyo ejemplo más vívido es la blogsfera o red de bitácoras, mientras que las otras dos arquitecturas son dos ejemplos de jerarquía. En términos de economista, estas dos últimas corresponden a una economía centralizada o a un conjunto de monopolistas rivales, respectivamente, y la primera, a la competencia perfecta. En esta última habita el hacker y en aquellas el dictador benevolente o los llamados enfáticamente capitanes de empresa.

<<El hacker representa la superación de las distinciones entre el trabajo y el ocio y entre retribución y reputación. En un mundo en el que la información y el poder fluyen por una red distribuida, la abundancia es más relevante que la escasez e impone sus figuras retóricas. Lo importante no es ciertamente la remuneración, sino la reputación de saber conducir sobre este terreno, y el origen del poder no está en el secreto, sino en su divulgación, no en atesorar, sino en el regalo gratuito, en el potlach de ideas. De ahí que el poder y las rentas inmerecidas que le suelen acompañar sean muy volátiles, …

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